Las crisis sensoriales no son berrinches ni actos de desobediencia. Son respuestas intensas del sistema nervioso ante estímulos abrumadores. Saber cómo actuar en esos momentos puede marcar una gran diferencia para el niño y quienes lo rodean.
1. Mantén la calma tú primero
Tu tranquilidad transmite seguridad. Respira profundo, evita levantar la voz o moverte de forma brusca. Si tú estás en calma, ayudas a que el niño también pueda regularse poco a poco.
2. Reduce los estímulos de inmediato
Apaga luces fuertes y sonidos intensos, o retira al niño del entorno si es posible. Usa auriculares con cancelación de ruido, gafas oscuras o una manta pesada si eso lo ayuda a calmarse.
3. Usa un lenguaje simple y claro
Durante una crisis, el niño puede tener dificultad para procesar palabras. Habla con frases cortas y suaves, o usa apoyos visuales si los conoce: pictogramas, gestos, tarjetas de emociones.
4. Respeta su espacio
No lo toques a menos que él lo permita o lo necesite para su seguridad. Algunos niños se calman con presión profunda; otros necesitan estar solos. Observa y responde sin invadir.
5. Después de la crisis, valida y apoya
Una vez que se haya calmado, acompáñalo emocionalmente. Puedes decirle:
“Sé que fue difícil, estoy aquí contigo”.
Evita los regaños. Aprovecha el momento para identificar qué lo desbordó y escribe tus observaciones: te ayudarán a prevenir futuras crisis.
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